Alexander Von Humboldt es prusiano, noble y rico, Aimé Bonpland es francés y de orígenes
modestos. Cuando se encuentran en París, Humboldt tiene 29 años, Bonpland 25. El primero viene de rechazar el
puesto de Director General de las Minas de Silesía y busca desesperadamente una ocasión de recorrer el mundo
para ejercer su pasión por la geografía, la geología, las ciencias humanas y la botánica. Médico
diplomado de la Marina, el segundo divide su tiempo entre las plantas, su pasión, y el Museo de Historia Natural dónde
sigue la enseñanza del gran maestro biólogo Jusssieu mientras espera una hipotética participación
a una campaña científica: o la de Bonaparte a Egipto, o la que Nicolas Baudin quien espera realizar un viaje
alrededor del mundo. Alexander es homosexual, Bonpland amante incorregible de las mujeres....
Extraño y complejo laberinto de parecidos y diferencias. Sin embargo tienen
en común tres rasgos esenciales de carácter que van a servir de catalizadores de una amistad indestructible
de increíble riqueza. Tanto el uno como el otro están animados por ideales democráticos de total generosidad.
Ambos son ávidos de conocimiento y de voluntad de hacer don a la humanidad del aporte de sus descubrimientos. Y al
fin,ambos son jóvenes, dispuestos a ser maravillados y audaces hasta la inconsciencia.
Por
cuatro años, van a surcar incansablemente la América Española y utilizar todos los recursos de sus espíritus
enciclopédicos para hacer una descripción metódica de lo que observan que nadie antes que ellos había
llevado tan a fondo. Viajan más de quince mil kilómetros cargados de instrumentos científicos, levantando
mapas, anotando observaciones sobre la naturaleza y los hombres, los hechos históricos y geográficos, estableciendo
así los primeros perímetros sobre la formación geológica del continente y esquizando el primer
esbozo demográfico...
Son ellos, entre otras cosas, los fundadores de la antropología,
y de la etnología americana por su descripción objetiva de los indios y pioneros de la arqueología del
continente. Esbozan igualmente una visión de la sociedad colonial española, con sus luchas de intereses, sus
métodos de explotación. Su trabajo anuncia lo que va ser la América Latina del siglo XIX después
de la victoria de los libertadores, con sus desequilibrios y sus guerras civiles....
NOTA DE INTENCIÓN
Para la escritura de “AIRE LIBRE” escogemos de refutar deliberadamente
y radicalmente las tentaciones de la saga exhaustiva, de la biografía filmada, de la reconstitución histórica
o de la relación de viaje.
Vamos a vivir en compañía de Humboldt, de Bonpland y
de Juan, su guía venezolano, un momento privilegiado y relativamente breve de la vida de los dos naturalistas. Se trata
de los hechos vividos por ellos durante la primera parte de su viaje por la América tropical. Pero nuestra primera
preocupación no será la de “describir” su desplazamiento como la acción principal, y aún
menos como sujeto del film o como argumento de curiosidad, de turismo o de exotismo. Llanos, selva o pequeño pueblo
colonial serán esencialmente el decorado, en el sentido teatral (leer “fotográfico”, como las telas
pintadas de los fotógrafos populares) de un verdadero “a puerta cerrada, al aire libre....”. Los eventos
mismos, los encuentros, la relación con los sitios, con los peligros y los placeres compartidos, constituirán
el gatillo de una catarsis colectiva que los va a obligar a descubrirse y afirmarse, a apreciarse, o al menos aceptar sus
diferencias.
Los dos naturalistas
son personajes extremadamente fuertes, armados de un colosal y muy moderno bagaje de certitudes: odio a la esclavitud, desconfianza
de la colonización, refutar lo sobrenatural, fe en la humanidad, en lo Verdadero y lo Bello, en la universalidad del
conocimiento... Son testigos de un auténtico espíritu pragmático heredero directo del “Siglo de
las Luces”. (La mayor parte de la acción del film sucede entre 1799 y 1800).
El tercer miembro del trío no es menos importante. Juan Montañer representa
el nuevo “Homo Americanus”, ese verdadero hombre nuevo que Humboldt y Bonpland sueñan de ser ellos mismos...:
“Una euforia precedía el nacimiento del hombre nuevo y nos dejamos llevar por la corriente de descubrimientos
que hacíamos cada día. Todo eso sucedía un poco de tiempo antes de los grandes movimientos (políticos)
que dieron fin al imperio español.” escribe Bonpland en su diario. Si las razones profundas de la inmensa curiosidad
del mestizo no son exactamente las mismas que la de nuestros dos sabios, Juan les va a enseñar a ellos muchas elementos
instintivos y de sentido común. Juan va a servirles de espejo y de revelador de las complejidades y las contradicciones
de la “civilización”, de esa civilización traída del otro lado del océano: los esclavistas
que ambos europeos condenan y los misioneros que los tres ponen en duda.
Sólo queda dejar evocar a los propios héroes de “AIRE LIBRE”,
que vamos a hacer vivir por un breve instante, y en su mejor época, en lo más brillante y más exaltante
de su juventud: lo que esos momentos vividos juntos representan de aguda felicidad y de cálida complicidad.
Algunos
días antes de ser informado de la muerte de Bonpland, Alexander confió a Ave-Lallement una carta para tratar
por última vez (no se veían desde que Bonpland se había ido de nuevo a establecerse en América
desde hacía más de cuarenta años) de convencer a su viejo amigo Bonpland de volver a Europa: “Sobrevivimos,
pero, desgraciadamente, la inmensidad del mar nos separa. Jamás nos hemos debido separar. Tu tendrías, me parece,
igual placer que yo en evocar a Cumana, el Cogollar, nuestras privaciones y nuestras felicidades en el Orinoco. ERA EL BUEN
MOMENTO (juventud) EN QUE ÉRAMOS INFELICES...(¿Puede evocarse la juventud de manera más brillante y amarga
a la vez?) Amábamos las grandes emociones; ahora el drama pasó, la memoria se enfría, terminamos olvidando.....
¿Te recuerdas de Turbaco, del manantial, de esa frágil orquídea que comparábamos a una lluvia
de oro? (...) Un puesto me espera en el Instituto, pero yo no soy de los que te critíca de preferir tu feliz solitud,
y la afección que te rodéa, a la Europa actual...Sin embargo desearía intensamente al menos ver de nuevo
tu escritura antes de mi próxima muerte...” (Lo que nunca logró ya que Bonpland murió antes de
poder contestarle).
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O - o -
“AIRE LIBRE”
propone evocar ese “BUEN MOMENTO”, dónde dos jóvenes magníficamente abiertos a la vida, llenos
de una hirviente felicidad y de una insasiable sed de conocimientos, son tan “infelices” que tardarán sesenta
años en NO OLVIDAR su aventura...
Una producción de
Marie Françoise Roche (PRODUCCIONES 800 C.A. – Suzanne Girard (BLEU, BLANC, ROUGE, Inc. Montreal – Morelba
Pacheco MORELBA PRODUCTIONS, Paris) para Producciones 800 C.A. y el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía.
Un film de Luis Armando Roche
ACTÚAN:
Roy Dupuis, Christian Vadim, Carlos Cruz, Dimas González, Armando Gota, Dora Mazzone. 90 minutos
– color 1:85 – Dolby Digital SR